Era increible ver cómo había de neblina esta mañana, no se veía nada a media cuadra de distancia. Observar las siluetas frías de los árboles a lo lejos, las luces de los carros encendidas y la gente muy abrigada. Todas las imágenes percibidas por mis ojos pasaban de la niebla a la nitidez a medida que mis pasos me acercaban a ellas.
Llegué a las 7:05 a la oficina y seguía cayendo neblina. Imaginé que así era la Bogotá que vivió mi abuela. Muchas señoras con sombrero, abrigo, guantes, cartera y sombrilla; señores vestidos de colores oscuros, con gabardinas, guantes, zapatos con guardapolvo, paraguas y sombrero. Así como mucho enruanado. Bonito hubiera sido subirse en el tranvía, quitándole la desagradable experiencia de percibir los olorcitos y los apretujones... igual, hoy nadie se salva del apretujón en la buseta, el colectivo, el ejecutivo o el transmilenio. La diferencia está en que ahora hace menos frío y la gente es más aseada.

Mi abuela dejó en mi casa antes de morir un libro que se llama Reminicencias de Bogotá... o algo así... no estoy segura... esta noche lo buscaré.
El trabajo ese... mmm... finalmente no me llamaron... seguramente no le asignaron a Ana la tarea.
Todos felices en el grado de la Rana... pero la verdad es que la cosa no estuvo tan emotiva como cuando me gradué... No puedo negar que me llené de nostalgia acordándome de lo que pasó ese día (el 28 de febrero se cumplen dos años) Mis papás estaban muy distantes... qué situación tan incómoda... Estuve contenta por la Rana; por fin pudo deshacerse de las yucas, del laboratorio y de la pesadilla que fueron los jurados de su tesis... pero como las cosas en la vida no son perfectas... hoy empezó a trabajar en clínica, que era el medio en el que ella menos quería trabajar.
Luego del grado, la familia del novio de mi hermana y la mía, nos fuimos a comer a un restaurante furunfunfly. Todos sentados juiciositos, sonrientes... mis papás tratando de disimular lo fría que está la relación. El brindis, los agradecimientos, la comida, el postre... el frío... el carro... el frío.
Me tocó disfrazarme de gente decente... como dice mi mamá... para darme cuenta que a la dichosa ceremonia hubo mucha gente de gamín... como dice mi mamá que me visto yo (todo por no usar sastre y tacones)
Me acosté a dormir como a las 12:00... el despertador sonó a las 5... fue como si no hubiera alcanzado a cerrar los ojos cuando ya tuve que volver a levantarme.
No me gusta sentir que vivo en una farsa... mientras el resto de la humanidad cree que hago parte de una super familia, intachable, inseparable y ejemplar...
Siempre anda rasgándose algo por dentro.
Llegué a las 7:05 a la oficina y seguía cayendo neblina. Imaginé que así era la Bogotá que vivió mi abuela. Muchas señoras con sombrero, abrigo, guantes, cartera y sombrilla; señores vestidos de colores oscuros, con gabardinas, guantes, zapatos con guardapolvo, paraguas y sombrero. Así como mucho enruanado. Bonito hubiera sido subirse en el tranvía, quitándole la desagradable experiencia de percibir los olorcitos y los apretujones... igual, hoy nadie se salva del apretujón en la buseta, el colectivo, el ejecutivo o el transmilenio. La diferencia está en que ahora hace menos frío y la gente es más aseada.
Mi abuela dejó en mi casa antes de morir un libro que se llama Reminicencias de Bogotá... o algo así... no estoy segura... esta noche lo buscaré.
El trabajo ese... mmm... finalmente no me llamaron... seguramente no le asignaron a Ana la tarea.
Todos felices en el grado de la Rana... pero la verdad es que la cosa no estuvo tan emotiva como cuando me gradué... No puedo negar que me llené de nostalgia acordándome de lo que pasó ese día (el 28 de febrero se cumplen dos años) Mis papás estaban muy distantes... qué situación tan incómoda... Estuve contenta por la Rana; por fin pudo deshacerse de las yucas, del laboratorio y de la pesadilla que fueron los jurados de su tesis... pero como las cosas en la vida no son perfectas... hoy empezó a trabajar en clínica, que era el medio en el que ella menos quería trabajar.
Luego del grado, la familia del novio de mi hermana y la mía, nos fuimos a comer a un restaurante furunfunfly. Todos sentados juiciositos, sonrientes... mis papás tratando de disimular lo fría que está la relación. El brindis, los agradecimientos, la comida, el postre... el frío... el carro... el frío.
Me tocó disfrazarme de gente decente... como dice mi mamá... para darme cuenta que a la dichosa ceremonia hubo mucha gente de gamín... como dice mi mamá que me visto yo (todo por no usar sastre y tacones)
Me acosté a dormir como a las 12:00... el despertador sonó a las 5... fue como si no hubiera alcanzado a cerrar los ojos cuando ya tuve que volver a levantarme.
No me gusta sentir que vivo en una farsa... mientras el resto de la humanidad cree que hago parte de una super familia, intachable, inseparable y ejemplar...
Siempre anda rasgándose algo por dentro.