El día comienza bien... aunque la mañana, antes de salir de mi casa, estuvo algo atropellada. Gritos, carreras, agua fría, café muy caliente, tostadas frías. Parezco vestida por el enemigo, creo que me olvidé de revisar si por lo menos me puse las medias del mismo color.
Me encontré con el perro suicida... Un perro callejero muy bonito que siempre me encuentro en la Av 68 con Esperanza, y digo suicida porque cruza la avenida más de tres veces mientras espero el colectivo. Va y viene, corre detrás de la gente, le ladra a los carros... no me explico cómo ha hecho para seguir con vida, ni que tuviera las siete vidas del gato. Ese perro me tenía triste hace unos días, lo vi enfermo y hasta tuve intención de llevarlo a una veterinaria, pero pensar en el mordisco no me dejó. Hoy lo volví a ver, estaba bien, se revolcaba en un montón de tierra seca de una matera que hay al borde de la avenida. Estaba chocoloco, se revolcó como loco hasta que se cansó y se quedó dormido. Me subí al colectivo.
Cuando el hijuemadre conductor arrancó, casi me voy de j... contra el planeta... quién les habrá enseñado a conducir. Alcancé a sentarme, viaje tranquilo. Llegué sin contratiempos, la caminata hasta el centro de concentración estuvo buena, hacía sol solecito. Cuando entré pasé muy cerca de Chispita (uno de los perros de vigilancia) y le pegué con mi lonchera ¡¡Que bruta!!... me devolví a consentirlo... la genté me miró como bicho raro... Solucionado el problema con Chispita... de veras que se llama así, no es invento mío... seguí hasta la oficina.
Las cosas siguen estáticas, anoche nadie mando nada al correo. Parece que hoy va a ser otro día de espera.
Más tarde... una ampliación
Me encontré con el perro suicida... Un perro callejero muy bonito que siempre me encuentro en la Av 68 con Esperanza, y digo suicida porque cruza la avenida más de tres veces mientras espero el colectivo. Va y viene, corre detrás de la gente, le ladra a los carros... no me explico cómo ha hecho para seguir con vida, ni que tuviera las siete vidas del gato. Ese perro me tenía triste hace unos días, lo vi enfermo y hasta tuve intención de llevarlo a una veterinaria, pero pensar en el mordisco no me dejó. Hoy lo volví a ver, estaba bien, se revolcaba en un montón de tierra seca de una matera que hay al borde de la avenida. Estaba chocoloco, se revolcó como loco hasta que se cansó y se quedó dormido. Me subí al colectivo.
Cuando el hijuemadre conductor arrancó, casi me voy de j... contra el planeta... quién les habrá enseñado a conducir. Alcancé a sentarme, viaje tranquilo. Llegué sin contratiempos, la caminata hasta el centro de concentración estuvo buena, hacía sol solecito. Cuando entré pasé muy cerca de Chispita (uno de los perros de vigilancia) y le pegué con mi lonchera ¡¡Que bruta!!... me devolví a consentirlo... la genté me miró como bicho raro... Solucionado el problema con Chispita... de veras que se llama así, no es invento mío... seguí hasta la oficina.
Las cosas siguen estáticas, anoche nadie mando nada al correo. Parece que hoy va a ser otro día de espera.
Más tarde... una ampliación