2011

Terminé el 2010 con un ofrecimiento de trabajo que nunca se concretó, y contrario a lo que pensaba, a mi pesimismo, me preguntaron si quería seguir en el cargo en el que estoy hace cinco años y medio... acepté.

Comencé el 2011 en una casa nueva que en lugar de abrigarme me mata de frío. La casa es bonita, espaciosa, tiene sótano, una cocina grande y un jardín a medio estrenar lleno de rosas, aromáticas, fresas y flores en bolsitas negras, aún sin trasplantar... suena diferente, huele diferente y aunque cada quien tiene su espacio ninguno ha perdido la costumbre de leer, hacer tareas, dibujar... o lo que sea... en el comedor.

En mi casa, en la que viví 30 años, se quedaron los árboles del jardín, la habitación desordenada en la que dormía y jugaba con mis hermanas, las paredes con papel floreado, y el piso con uno que otro roto por el que se metió el agua y el jabón.

En esa casa mi mamá podía poner todas las chucherías que quisiera, campanas, flores, monachos de madera, tapetes... era su casa. En la de ahora todas sus chuches terminaron cajas y mi papá decide qué se pone o qué no.

Han pasado dos meses y sigo sin acostumbrarme... hace un par de fines de semana pasé por mi casa, hubo puchero incontenible y él secándome las lágrimas con los dedos.

Suena: lasnoticias.

Comentarios

Bluewind dijo…
Paradgima del cambio... :)

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