Ayer
fue una mierda... salir de la casa en la mañana, alcanzar a caminar tres cuadras para detenerme y ponerme a llorar... sí señor, cómo no, estaba en plena crisis y llorar complicaba más la situación. Desesperada por no poder respirar llamé a mi mamá a la clínica y antes de decirme que fuera hasta allá, tuve que aguantarme la cantaleta... y sí, tiene razón, no he debido ir a la fiesta el sábado. Llamé a LaPrimera para ponerla al tanto de la situación.
Cogí un taxi, llegué hasta donde trabaja mi mamá, las señoras que trabajan con ella me miraban con esa cara de poooobreciiitaaaa, estaba muy pálida, verde y con los labios oscuros. Más cantaleta... y saber que no tenía nada que decir, es más casi ni hablar podía... mmm... es más o menos como cuando uno tiene hipo y las frases o las palabras le quedan cortadas por la falta de aire. Me ordenaron exámenes y una placa de torax para descartar neumonía... en el resultado apareció que que estaba respirando sólo el 43%. Una hora de terapia respiratoria, otro examen y bueno... alcancé a mejorar un 10%. Las terapias son de lo peor, un cuartico pequeño con cubículos, muchos viejitos tosiendo y muchas anécdotas de enfermedad. Salí con la cabeza grande, atontada, con hormigueo en el cuerpo. Volví a buscar al médico, fórmula con corticoides y salbutamol... de vuelta a los inhaladores.
Volví a llamar a la oficina y LaPrimera me dijo que mejor me quedara en la casa. En la casa lo único que hice fue dormir, la nochecita del lunes no se la deseo a nadie. Lola estuvo de enfermera, todo el tiempo pendiente si tosía o no, se sentaba sobre mí y me ponía las manos en la cara, o en la cabeza, se sentaba a un lado y me miraba de lejos... llegó mi mamá con los mil consejos y me hizo sentir mal, me dijo que me gustaba jugar con mi salud y pues no, eso sí que no... a quién le gusta estar enfermo.
Tengo trabajo atrasado, taquicardía y estoy torpe... vamos a ver qué puedo hacer.
Tengo que comprar un jarabeparalatos.
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Volví a llamar a la oficina y LaPrimera me dijo que mejor me quedara en la casa. En la casa lo único que hice fue dormir, la nochecita del lunes no se la deseo a nadie. Lola estuvo de enfermera, todo el tiempo pendiente si tosía o no, se sentaba sobre mí y me ponía las manos en la cara, o en la cabeza, se sentaba a un lado y me miraba de lejos... llegó mi mamá con los mil consejos y me hizo sentir mal, me dijo que me gustaba jugar con mi salud y pues no, eso sí que no... a quién le gusta estar enfermo.
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