Ayer recibí con resignación la noticia de la elección a la alcaldía de Lucho, que por sus propios méritos no hubiera llegado ahí. Éste señor, creo yo, debió quedar debiéndole hasta la camisa a mucha gente; además, de tener mucho que gradecerle a la adhesión de la maquinaria liberal.

En las tres administraciones anteriores este pueblo avanzó mucho, cogió cara de ciudad y no me puedo imaginar que pueda empezar a hechar pa´tras, gobernada por vendedores ambulantes y choferes de taxis y busetas.

¿A dónde llegaremos?... Realmente tengo miedo, así Lucho en una de sus primeras declaraciones haya dicho "Nadie debe temer".

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